Un pequeño legado (VII)

Dos días más tarde se encontraba en la sacristía de la catedral de la Santa Cruz, frente al canónigo Richard O., un hombre cercano a los setenta años, de aspecto algo rechoncho y vestido con una sotana negra impoluta. Wendell, jugando nuevamente la baza del hombre arrepentido, se presentó como el hermano humilde que quiere redimir su avaricia para lo que buscaba algo sumamente especial para su medio hermano. Le contó al religioso que tal vez algo relacionado con su madre podría ser eso especial que necesitaba para congraciarse. El sacerdote se mostró inicialmente encantado de ayudarle. Inicialmente. Tras ordenar a un coadjutor que buscara la partida de nacimiento de Christopher y que se la trajera, al leer el nombre de la madre, su rostro tornó sombrío y macilento. Una mirada inquisitiva no obtuvo respuesta en su visitante más allá de un gesto de incomprensión. Wendell no entendía el motivo de ese rostro interrogante y le invadió una sensación de inquietud y extrañeza. Tras unos segundos de silencio, el canónigo cerró la carpeta, se acomodó en su sillón y con voz tranquila le dijo a su ayudante que abandonara la sacristía. Una vez solos, preguntó a su visitante qué sabía sobre la madre de su hermanastro. La extrañeza de Wendell aumentó y titubeó al decir que no sabía nada, ni siquiera cómo había conocido a su padre. El religioso lo contempló con seriedad, mientras se mordía el labio inferior, dudando si revelar la verdad al joven. Finalmente inspiró y se decidió a continuar.

Emma P. no había recibido un entierro cristiano. Se había demostrado su participación en actos de brujería y adoración al demonio. Lo más terrible fue el ritual en sí que el propio sacerdote había contemplado cuando acudió junto a la policía a una mansión alertados por un inculto criado negro, asustado por los sonidos terribles que se oían desde la casa en la que se vivían, al otro lado los terrenos de un reputado hombre de Massachussets. A él le habían llamado por sus conocimientos de medicina, al estar el médico del pueblo de viaje. Al acercarse a la residencia, oyeron un grito agónico y un histérico canto que envolvía el lugar. Entró precedido por la policía. En el salón principal estaba sucediendo una escena dantesca: una docena de hombres y mujeres, desnudos y salpicados de sangre, se repartían las vísceras de un joven al que habían destripado sobre una mesa. Uno de los policías no pudo soportar la visión y perdió los nervios; comenzó a disparar sin un objetivo concreto. Los cánticos, que habían cesado al entrar los agentes y el sacerdote, trocaron en gritos de pánico. Parte de los oficiantes de esa terrible ceremonia se abalanzaron sobre los llegados, lo que obligó al resto de policías a abrir fuego. La masacre apareció en varios periódicos pero, al ser el dueño de la mansión un importante miembro de la comunidad, pronto se tapó el asunto. A pesar del horrible acto que se estaba cometiendo, el padre Richard O. hizo lo que cristianamente debía y logró salvar la vida a dos de los presentes, si bien fueron posteriormente juzgados y condenados a la horca. Ninguno de los participantes en esa macabra e impía celebración recibió un entierro cristiano ni sus cuerpos se hallan en camposanto alguno sino que los sepultaron en una fosa común donde antiguamente se enterraba a enfermos de tisis y otros apestados.

Tras la narración del cura, Wendell reflexionó durante unos instantes y preguntó al canónigo si recordaba qué era los que cantaba esa gente. Procuró darle a la pregunta un tono de mera curiosidad morbosa, sin mostrar el real interés que le suponía. Su interlocutor, sumido en su memoria no consideró la pregunta fuera de lugar y le contestó que, si bien no le venían a la cabeza las palabras exactas, si recodaba que decían algo en latín y que había algo que repetían, no sabría decir si como nombre o como calificativo de alguien: el Innombrable.

5 lectores en Miskatonic:

  1. El Erudito dijo...:

    Un par de comentarios.

    A los que estáis siguiendo la historia, lamento el retraso en publicar algo nuevo pero quería acabarla antes de subir nada. Calculaba que iba a tener un tamaño de unas 8 páginas y se me ha ido a más del doble.

    Por otra parte, he hecho algún pequeño cambio en la primera parte del relato.

    Abrazos tentaculares.

  1. El Exiliado dijo...:

    ¿Cuando sale la versión cómic?

    ¿O en serie de domingo después de comer por Antena 3?


    (Es broma)

  1. Sybaria dijo...:

    Erudito, nos tienes pendientes de ti y tu relato . Eres cruel y vanidoso por ello, pero nos gusta.

  1. El Erudito dijo...:

    Cruel... bueeeno, un poquito pero ¿vanidoso? O_O ¡Voy a llorar! Luego te someteré a un multisacrificio a base de música de Leonardo Dantés y películas especialmente seleccionadas del catálogo de Cine de Barrio. Pero insisto, primero ¡voy a llorar!

  1. Treiral_ dijo...:

    OMG, a la espera estamos!! :D

 
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